Fin del Verano

Los últimos días del verano se acercaban, y ya habían pasado más de 15 días desde que ingresé. Parecen poco 15 días, ¿verdad?, pero para mí esos simples 15 días se me hicieron como si hubiera estado meses allí encerrado. “Meses” llenos de momentos complicados, de noches sin dormir y duras noticias…

A partir de la terrible noticia de que tenía células cancerígenas en la columna vertebral, empezó todo. Empezaron los ciclos por vía intravenosa, de quimioterapia; punciones lumbares unidas a quimio intratecal, de las cuales me levantaba siempre con dolor de espalda y vomitando. “Se podría decir que vomitaba por todos los de la planta”.

Por otro lado, otro de los efectos secundarios de la quimio, a parte de la caída del pelo, es el cambio de los sabores. Apenas tengo recuerdo de haberme comido todas las comidas que me traían a la habitación, eso sí, me encantaba comer las nuggets del McDonalds jejeje y, bueno, también me gustaba mucho la comida casera que me traía mi familia de Madrid.

Nunca olvidaré el plato de lentejas que me comí después de una punción, o un simple plato de arroz con huevos fritos que, para mí, era un lujo poder comerlo. Siempre estaré agradecido por todo lo que hicieron por mí.

Sin embargo, también había comidas que me dejaron de gustar y que les cogí manía de tanto comerlas, como es el caso del jamón ibérico que me traía mi tío Javi. Y lo que peor llevé fue que el olfato se me agudizó y no soportaba los olores, es más, sabía cuándo habían subido la comida, y muchas veces, le decía a mi madre que comiera fuera. Lo siento… la verdad es que ella también lo pasó muy mal y tuvo que aguantarme mucho. En muchas ocasiones no se lo ponía fácil. Y si hoy en día estoy escribiendo esto, en gran medida es gracias a ella que siempre estuvo a mi lado. “Te quiero mami”

Aún me acuerdo de todos los “chuletones” que me ponían y lo que tardaba en vaciarse. Así es como llamaban mis enfermeras a todas y cada una de las transfusiones de sangre que me daban. He de decir que tardaba horas y horas en realizarse la transfusión completa y alguna que otra vez me he sentido mareado. Otro tipo de transfusiones que también recibía, era la de plaquetas, estas sí que las sentía e incluso notaba un sabor raro en mi garganta y terminaba antes jejeje. 

Y, a pesar de todo esto, todavía nos faltaba saber si me iba a hacer falta un transplante de médula… Desde este día, mi vida en el hospital empezó a cambiar.

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