La caída del pelo no vino sola

El miedo, volvió… al decirme el médico lo que me iba a hacer. En esta ocasión, no se trataba de una simple punción lumbar, sino que me tenían que hacer una segunda punción, la cual era en la columna…

Punción y columna eran dos palabras que, para mí, no podían ir juntas. Es que, ¡no deja de ser un pinchazo en la columna! ¿Y si me pinchan mal?, o aún peor, ¿y si me despierto?, solo me planteaba preguntas de ese tipo mientras mi madre firmaba unos papeles. Entramos en la sala, me tumbaron en la camilla y otra vez lo de siempre.

Pero esta vez, no me iba a despertar igual. Al hacerme la punción intratecal (nombre técnico) y sacarme líquido cefalorraquídeo, debía mantenerme tumbado en horizontal durante 2 horas, quizás eso no fuese lo peor. Lo malo llega cuando al despertarme, me empezaba a doler la cabeza como si me dieran pinchazos constantemente y dolorosos, no paraba de llorar, y lo peor es que no me podía levantar. Imaginaros lo complicada que era la situación con vómitos, dolor de cabeza y malestar porque me despertaba fatal de la anestesia… era muy duro. Pero, siempre, con una sonrisa.

LUCHADORES (1)

Y, al fin, llegó el día. Como bien me dijo Pedro (mi oncólogo) se me iba a caer el pelo, ya que era uno de los efectos secundarios: Dani, la quimio ataca a las células malas, sin embargo, también atacas a células buenas, me dijo. Según me decía para picarme, me comentaba que el pelo iba a volver a crecer, pero claro; puede salir azul, violeta, verde… (menuda cara se me puso en ese momento)

Según pasaban los días, me iba percatando de que se me estaba cayendo, así que llamamos a un peluquero del hospi, para que viniera a rapármelo. No os voy a engañar, aunque el pelo crezca, en ese momento no estaba muy convencido de hacerlo, iba a estar calvo…

Cuando me miré en el espejo, le dije a mi madre que no quería salir de la habitación, que estaba feísimo y que todos me iban a mirar raro… Me costó sobrellevar que no tenía pelo, pero al ver al resto de chicos de la planta igual, me sentí como uno más.

A los pocos días, vino la presidenta de la fundación de Juegaterapia (Mónica) al hospi, y decidió entrar en mi habitación para conocerme. Para nada quería que entrara y me viera así, y su primera reacción fue: ¡Ala, que guapo! Y desde entonces, se me conoce como “Dani Guapo”, y ese fue el comienzo de una larga relación vinculada a Juegaterapia; a quiénes les tengo mucho que agradecer por la labor que hacen, como hacer que un ciclo de quimio se pase volando, y como consiguen que la vida de un niño en un hospital se haga más amena. Muchas gracias en nombre de todos los luchadores contra el cáncer.

El médico llegó a mi habitación y nos dijo, que la leucemia se me había pasado a la médula espinal. No podía ser… y, ¿ahora qué?

La Paz 26-10-1266

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