El diagnóstico

Mi madre se puso a llorar, Pedro se sentó en la cama y de manera sutil, me dijo y me dio a entender que tenía cáncer… Mi pensamiento fue: ¿me voy a morir…?😢

Ese día se paró el tiempo por completo, era como si de repente todo se derrumbara. La escena que había en aquella habitación era apagada, con un ambiente helado; y a pesar de que era pequeño y no entendía nada, algo por dentro de mí me decía que la situación no iba bien y que, a partir de ese momento, toda mi vida se iba a convertir en una lucha constante y cuesta arriba, lleno de obstáculos y retos a los que tendría que hacer frente… Parecía fácil, pero eso era la teoría.

He de decir que el médico se portó muy bien en ese momento, porque tuvo en cuenta que era un niño, y me lo explicó de tal manera que lo entendiera. Me dijo:

Dani, hemos encontrado unos bichitos malos que están haciendo daño a tu cuerpo y las defensas no son capaces de acabar con ellos, así que vamos a ayudarte a matar a esos bichitos.

Esos “bichitos” tenían nombre: Leucemia Linfoblástica Aguda tipo B común (de alto riesgo por la edad) pero decidí llamarle Xana (virus informático de la serie de Código Lyoko). Sinceramente, ese día fue terrible y me agobié de tal manera al pensar en la quimio, en que se me iba a caer el pelo y, sobre todo, pensar que iba a tener que pasar más tiempo del que imaginé en aquel hospital, que me metí en el baño a llorar… y por si no fuera poco, no me atrevía hacer la pregunta que me planteaba una y otra vez: ¿me voy a morir…?😢
No quería que mi madre me viera llorar porque si no se lo iba a poner más difícil, y fue entonces cuando apareció mi arma, la sonrisa.

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Los días pasaban y siempre respondía lo mismo ante las preguntas de los médicos: “Sí, estoy bien”, “me encuentro bien, gracias”, “no, no me duele nada”. Y siempre con una sonrisa, sin embargo, los análisis no decían lo mismo. Pero esa positividad, me ayudó a que mis defensas lucharan con más fuerzas y que la quimio, hiciera mejor su efecto. 

Todo iba bien, hasta que los médicos me dijeron que me tenían que coger una vía central porque no habían llegado los Port-a-catch. Por lo que me tenían que operar y fue entonces, cuando pisé por primera vez un quirófano…

Fue tal la impresión que se empezaron a proyectar en mi cabeza todo lo ocurrido en mi primera punción (sin anestesia), lo que me llevó a sentir miedo, desconfianza y pánico por lo que me iban a hacer…

Además, en ese momento, mi madre ya no podía entrar conmigo, y me tuve que despedir de ella antes, dejándola al otro lado y viendo cómo se desvanecía poco a poco mientras me llevaban a la mesa de operaciones. Continuamente estaba ojeando todo lo que pasaba por mi alrededor; y una vez me colocaron le pregunté al cirujano: ¿Me vais a dormir?, ¿por favor, dormirme? Tengo miedo… Y me puse a llorar, así que una enfermera, súper agradable, me estuvo tranquilizando y diciéndome que no me iba a pasar nada ni me iba a enterar, que me encontraba en las mejores manos.

Una vez más, sentí el hormigueo y caí dormido, o eso creía…

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