La nueva vida

Mientras íbamos de camino a esa “nueva vida” que desconocía por completo, me encontraba tumbado en aquella camilla de la ambulancia y a pesar de ese calor de verano, yo me sentía ausente, estaba tiritando de miedo, frío, apagado y asustado, mirando al techo de aquella ambulancia pensando…

¿Qué va a ocurrir ahora? ¿Por qué me llevan a Madrid? ¿Por qué nadie me sabe explicar lo que pasa?

Entonces decidí cerrar los ojos y relajarme… Al abrirlos me encontraba en ese nuevo hospital, el cual se iba a convertir en mi nueva casa durante varios meses, estaba en el hospital La Paz donde me esperaban varios celadores para subirme a planta. Todos me daban la bienvenida y me animaban o me decían cosas positivas, pero os voy a ser sincero, aunque en ese momento sonreía e intentaba dar lo mejor de mí, por dentro era todo desconcertante, era como si estuviera ido y no sabía lo que ocurría a mi alrededor.

Me acuerdo de haberle dicho a mi madre que ya me encontraba bien y que me sentía mejor con tal de salir de allí, y era verdad, pero la analítica no decía lo mismo. Una vez me subieron a la planta, me fijé que no tenía nada que ver con el hospital del que procedía. Es más, me dio algo más de tranquilidad al ver la planta con dibujos, las enfermeras super agradables; y las habitaciones, eran otra cosa, tenían un buen baño, una cama para mi madre, televisión y hasta una consola. Tan mal no pinta la cosa, pensé.

Aunque todo parecía muy bonito, me tenían que volver a hacer otra punción lumbar y claro, después de la experiencia que tuve, pues no me fiaba de ningún médico, a pesar de que ellos me decían una y otra vez que me iban a sedar. Fue entonces cuando conocí a mi médico Pedro (excelente, tanto como persona como médico) y al día siguiente me hicieron la punción…

Me llevaron a una sala fría donde el médico me dijo que me tenía que tumbar en una especie de camilla y junto a mí se encontraba mi madre, dándome la mano, pero aun así estaba nervioso, llorando, incómodo y no quería que nadie me hiciera nada, ese día fue complicado, la verdad, no se lo puse nada fácil… era demasiado el trauma que tenía. Sin embargo, una enfermera, Mara, me dio la mano cuando mi madre se tuvo que ir, y me empezaron a hacer preguntas como, ¿cuál es tu equipo favorito?, ¿qué te gustaría ser de mayor?…

Y poco a poco me fueron inyectando el sedante, de tal manera que empezaba a sentir un hormigueo por todo el cuerpo, notaba como cada vez me costaba más mantener los ojos abiertos y apenas podía hablar; y en cuestión de segundos, caí dormido. Y al segundo, desperté.

Fue entonces cuando poco a poco iba recobrando la confianza. Sin embargo, toda mi vida y las de mis padres iba a cambiar por completo cuando llegó el médico con los resultados. Mi madre se puso a llorar, Pedro se sentó en la cama y de manera sutil, me dijo y me dio a entender que tenía cáncer… Mi pensamiento fue: ¿me voy a morir…?😢

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