5 Días duros y decisivos

Después de ingresar en el Hospital “San Pedro de Alcántara” de Cáceres, en la unidad de aislamiento, me comenzaron a hacer muchas pruebas ya que desconocían la causa de mi estado. Estuvieron 5 días pero que para mí fue como un mes lleno de malas noticias y miedo.

Todo comenzó cuando entré en esa habitación fría y aislada, en la que solo podía estar haciéndome compañía mi madre. Una ventana, es lo que recuerdo de aquella habitación, podría decir que sería lo más “positivo” de esa situación ya que era la única forma de ver al resto de mi familia. No entendía nada, me preguntaba una y otra vez: ¿Por qué?

Después de varios pinchazos en las venas, uno para cada prueba que me hacían, todo daba negativo, nadie sabía nada. El médico pensaba que podría ser mononucleosis conocida como “la enfermedad del beso”, pero también daba negativo; por lo que, se pusieron en lo peor. Cáncer.

Pero al no verlo por sangre, tuvieron que llevar a cabo una punción lumbar (que consiste en un pinchazo en el hueso de la cadera y extraer líquido de la médula osea) para confirmar el diagnóstico, sin embargo, no fueron capaces de obtener una muestra. Os pongo en situación:

Para mí, aquel día fue el peor de todos. Llegó el médico (el carnicero lo llamaban) y me dijo que me diera la vuelta que me tenían que pinchar en la cadera y obtener una muestra de la médula, que iba a durar poco y no me iba a doler.

Pues ocurrió todo lo contrario, durar duró, y mucho. Yo pensé que eso jamás acabaría; supuestamente me había echado una pomada que hacía de anestesia, pero os puedo asegurar que sentía la aguja en mi hueso y era un dolor que… es indescribible, algo por lo que no tendría que pasar nadie.

El panorama fue el siguiente: mis padres con las caras desencajadas viendo lo mal que lo estaba pasando, intentando decirme que la aguja ya estaba dentro y que solo sería un pinchazo. El médico, pinchándome no uno ni dos veces, sino hasta siete y pidiéndome a mí, un chico de 10 años, que relajara el culo que no podían seguir porque lo tenía tenso. Y, finalmente, yo, que estaba llorando a moco tendido, sintiendo una y otra vez la aguja…

He de reconocer que, en ese momento, sí que perdí la sonrisa… Pero los siguientes días lo cambiaron todo… y lo único que tenía en mente, en ese momento, era saber si yo me merecía esto… 

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